El tío
Por: María Paulina
El tío tiene los ojos verdes, es blanco con facciones finas. Es el diablo y representa a los españoles que nos colonizaron. La mejor forma de conocerlo es en las minas de Potosí, pero es indispensable llevarle coca y tabaco para verlo fumar con la mirada impávida del poder.
A las 10:00am nos llevaron a una casa llena de recovecos. A cada uno le entregaron un uniforme completo con botas, casco con linterna, pantalon y chaqueta. En el momento me pareció un poco exagerado el atuendo, pero después agradecí que no fuera menos. Antes de llegar a la mina, Fredy, nuestro guía, nos hizo bajar de la camioneta. Teníamos que comprarle regalos a los mineros, hace parte de la tradición. Les compramos un aguerdiente que tiene 96% de alcohol, coca, tabacos sin filtro, guantes y gaseosa. Cuando lograbamos encontrarlos dentro de la mina les entregamos los presentes que se seleccionaban dependiendo del status del minero. A cambio cada minero posaba para nosotros con una gran sonrisa y pocos dientes.
Nuestro guìa fue minero al igual que toda su familia. Es el mejor guìa que uno puede tener porque conoce todos los recovecos de la mina y tambièn las necesidades de aventura de los turistas. Después de dar diez pasos dentro de la mina empezamos a trepar, rodar, escalar, resbalar, etc. Fue una excelente terapia para la claustrofobia. Después de recorrrer varios lugares nos enfrentamos a un hueco enorme. La única forma de pasarlo era agarrandose de una cuerda y no mirar el negro vacío que teníamos abajo.
En uno de los escondites de la mina apareció el tío con todo su esplendor. Lleno de coca y tabaco y con sus prondos ojos verdes. Freddy se sentó al lado de él y lo trató como a una persona. A veces lo miraba con nostalgia por el pasado oscuro que vivieron su antepasados con la colonización. Francisco para tener un buen detalle con el tío hizo una figura en minuatura de su versión bastante personal del tío con la greda que había dentro de la mina.
Terminando el recorrido el guía empezó a hablar en Quechua. Cuando terminó me miró y gritó: “va a estallar una carga de dinamita, corran”. Salí corriendo como loca histérica, no me parecía un buen plan morir en Potosí. Esperamos que la dinamita estallara y fue una sensación increible. Toda la mina tiembla y cada parte del cuerpo la sigue.
La aventura en la mina acabó para dar paso a la reflexión sobre los mineros. No comen en todo el día, sólo mascan coca. Los viernes toman aguardiente y una que otra vez se caen por los huecos. La mayoría tiene enfermedades pulmonares. Ya no hay plata porque otros se la llevaron. Para los turistas es el mejor plan la aventura en la mina, para los mineros la única opción para sobrevivir.

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