Festival de colores

Por: María Paulina

A las cuatro y media de la mañana abrí los ojos en el bus. Íbamos para Copacabana y lo primero que vi fue un inmenso lago con el mejor amanecer, los tonos rojos y amarillos se intercalaban para hacer un festival de colores. A las tres de la tarde nos montamos en una lancha rumbo a La isla del sol en el lago Titicaca. El recorrido dura dos horas en las que el color de la laguna va cambiando y se mezcla con el verde de las montañas. De un momento para otro aparecen en el horizonte los nevados entonces la combinación ahora es perfecta. La naturaleza en su esplendor nos saluda. En la lancha el grupo de argentinos canta con una guitarra mal tocada pero con emoción, las argentinas hacen diferentes poses frente a la cámara. El noruego extiende al viento la bandera de su paìs con delirio conquistador. Nosotros miramos el espectáculo y de vez en cuando nos unimos a algún grupo. Llegamos a la parde norte de la isla porque nos dijeron que era mas linda. No se equivocaron. Ahora vemos el atardecer. El Titicaca es tan grande e imponente que tiene delirio de mar. Nosotros aceptamos esa pretención y le creemos. Nos quedamos en el hostal Pacha Mama, cuando se abre la puerta del cuarto se ve el lago y las montañas. Nos sentamos los cuatro en la playa. Francisco cocina sopa de tomate que milagrosamente sabe bien. De un momento para otro las estrellas no dejan espacio en el cielo. Es una noche oscura porque la luna se va rápido. Hace mucho frío, pero no queremos irnos de la playa. Decidimos que ante tal espectaculo es importante hacer lo que todo el mundo hace: cantar con el ojo entrecerrado canciones de protesta para sentirnos más unidos a sur américa. Pero hay un problema, estamos rodeados de argentinos y no queremos cantar sus canciones entonces hacemos un esfuerzo enorme por cantar sólo música colombiana. Ahora son las diez de la noche, cada vez hace más frío pero hasta que no cantemos una colombiana típica completa no nos vamos a ir. Algunas canciones son interrumpidas por un trueno entonces cambianos de canciòn. Sin darnos cuenta las estrellas se fueron, o fuimos nosotros los que nos fuimos? La neblina aumenta ràpidamente, a las once de la noche ya está entre nosotros. Nos vamos a dormir. Al otro día contemplamos el lago. Alquilamos una barca y remamos hasta una pequeña isla desierta donde solo estamos nostros y los eucalíptos. Por la noche llueve bastante y la playa está solitaria. Hablamos con los argentinos del cuarto de al lado y en ese momento somos turistas jóvenes con todas sus características. Nos damos consejos mutuamente, es agradable hablar bien de Colobia. En ese momento no importa cuál es la profesión que tenemos, sólo importa qué cantidad y calidad de consejos sobre el recorrido puedes dar. El rey es que el sabe culál es la mejor ruta, el precio en el que pueden dejar un tour y cuál es el mejor sitio para acampar. El príncipe es el que prende una fogata en el menor tiempo y la princesa guerrera es la niña que no se queja del problema de los baños. Así nos acompañamos durante la lluvia, intercambiando sabiduría sobre Ecuador, Bolivia y Perú. Nos vamos a dormir y al otro día nos vamos de copacabana. Nos despide un atardecer increible. A un lado de la carretera el día está gris, al otro lado vuelve el rojo y el anaranjado. Cada lado del lago compite por la mejor combianción.

~ por 4de5a6 en Enero 27, 2007.

2 comentarios to “Festival de colores”

  1. Hey Mapis, el comienzo del artículo parece uan descripción de un healdo de Creppes! Que envidia, sigue paseando buena onda y pasándola muy bueno. Saludos a lso conocidos y a los no-conocidos pues…. mmhh….saludos tambien, creo. Eso si, pa todos mucho ANIMO!

    APA

  2. Hay mucha fuerza literaria o mucho aguardiente… Cualquiera de las dos cosas está muy bien. Mapis ojalá sigas disfrutando del maratónico pero excelente viaje.

    Te seguiré la pista donde quiera que estes.
    NANRRA

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