La satisfacción del deber cumplido
Por Sol
Los grandes metas siempre tienen un precio muy alto… digamos que ir a Machupicchu no es precisamente barato, pero en este caso me refiero a otra clase de precio: el físico y el espiritual; aunque después de pagarlo queda la infinita satisfacción del deber cumplido.En un principio todos queríamos llegar como los grandes: por el Camino Inca. Nada nos detenía, aunque había un espacio de duda cuando nos decían cosas como: son 4 días; 3 son de subida, el camino es de piedra….. duda, pero igual llegamos a Cusco con la única opción de hacer el Camino. Pero no contábamos con el hecho de la ciudad fuera un Buenos Aires en pleno, lleno de gauchos y gauchas de perfecta figura, con master en hippie y que además sabían sobre el cierre del Machupicchu por todo el mes de febrero. Todo estaba reservado y no había cupo para nosotros.Después de hacerle duelo al Camino Inca, nos embarcamos en otra caminata que yo he llamado: ”del ignorante” (ya se darán cuenta por qué). Como siempre, nos vendieron el paraíso: un guía bilingüe (para que Guy entendiera) que nos cargaría las carpas, comidas, buses, hostales y lo que más nos emocionó: caminos PLANOS para ir a pié más fácil. Bueno, el bus de ida hasta el pueblo que sería la primera estación no sólo llevaba humanos, también era un cómodo medio de trasporte para gallinas, pollos, perros y marranos. Así mismo, los frenos que se dañaron dos veces en el camino, fueron arreglados diestramente por el conductor con papel higiénico… Por mi parte decidí dormir, ya que no había mucho por hacer aparte de esperar a que el hombre a cargo de nuestras vidas supiera exactamente lo que hacía.Llegamos y el guía nos sorprendió diciéndonos que él no llevaría las carpas porque “pesaban mucho”… Nosotros sin maletas apropiadas para cargar carpas y desilusionados por la mentira dicha por la agencia, decidimos cargarla en la mano por turnos, ya que una pelea con José (el guía) podría significar algún veneno en la comida que supuestamente él nos prepararía.Empezó la caminata. 30 minutos de plano al lado del salvaje río Urubamba. Pero después del minuto 31 comenzó la escalada nunca nombrada por la agencia. Tuvimos algunos caídos gauchos en el camino que no permitieron que avanzáramos rápido para llegar a las prometidas aguas termales, así que cuando cayó la noche y después de caminar 1 hora al borde de un abismo de aproximadamente unos 1000 mt de altura por un supuesto ”camino inca original” llegamos a una pequeña casa en medio de la selva que nos acogió, nos brindó comida y un pequeño techo para poner nuestras carpas y descansar hasta la primera hora del día siguiente.Al día siguiente llegamos a las aguas termales… pero entre nuestro hogar de paso y las piscinas, había unos puentes artesanales por los que tuvimos que hacer equilibrio con carpas al hombro. Después de los termales seguimos el camino hasta la tarabita, también muy artesanal, en la que personalmente tuve una experiencia extrema al enredarme con la cuerda y sentir mi destino iba a estar en el fondo del río, con todo y sus inmensas rocas.El sol implacable tampoco dejó que avanzáramos mucho ese día, así que tomamos un “camión”… este trasporte local nos ayudó con 3 horas de viaje llevándonos hasta un sitio llamado: La hidroeléctrica. Allí empezó una caminata de 3 horas y media sobre la carrilera. Lo más significante de este camino fue que si veías al lado derecho podías ver Machupicchu que te miraba desafiante para que llegaras.A Aguas Calientes, meta del segundo día, llegamos a las 7 de la noche y según José: no teníamos cena y en los hostales decididos no había cupo. De alguna manera nos acomodamos, pues en ese momento aunque las piernas no daban, era un hecho: al día siguiente conoceríamos la ciudad sagrada de los Incas.La jornada al día siguiente empezó a las 3:30 de la madrugada. Las niñas se bañaron con agua fría, mientras que los niños decidieron que ya se habían bañado en los termales y no la limpieza a esa hora no era necesaria… una decisión muy respetable. La caminata maratónica de 20 minutos hasta la escalera mientras empezaba a salir el sol llenaba de adrenalina el cuerpo y la mente. Así que empezamos a subir lo más rápido posible, el problema es que no todos somos iguales y a los 10 minutos de empezar a subir el millón de escalones, Jorge, Mapis y yo teníamos el corazón en la mano. Cambié la estrategia y empecé un paso lento pero seguro que nos tomó 1 hora en llegar a la cima.Nuestro guía (Horacio), quien hablaba un perfecto spanglish, acabó mi paciencia antes de entrar, así que cerré los oídos a Horacio, los turistas inquietos y los innumerables guías del parque. Cuando había llegado a un aislamiento total volteé para ver que la niebla iba pasando poco a poco diciéndome: Aquí está, este es el valle sagrado y hoy he decidido mostrarme ante ti.Todo había valido la pena. No importaba cuantas mentiras pudieran decir las agencias peruanas, ni los infinitos peligros que corres sin que te adviertan sobre ellos, ni el dolor en las articulaciones y el temblor de las piernas… este sitio místico merecía eso y mucho más. Sentí que le quedé debiendo para ser realmente digna de sentarme y apreciar esta ciudad escondidas por las montañas…

hijo de puta tu itus comentarios me llegan ala punta de huevo, yo soy el mejor guia n machupicchu
hijo de puta soy el mejor gioa en machupicchu