Relatos pendientes del salar de Uyuni

•Marzo 1, 2007 • 2 comentarios

(continuación a otro escrito del mismo autor, que pena la demora) 

Por: Francisco 

Los sobrevivientes
En medio de aquel desierto blanco hay una isla habitada por cactus gigantescos. Cuenta la historia que por cada año que pasa, crecen un centímetro. Si esto es cierto, muchos de los pobladores de este lugar tendrían cerca de tres mil años. También en esta isla viven unas rocas carcomidas por la sal y unas matas que parecen esponjas.  Es muy similar a un jardín de coral pero fuera de su contexto, como si en algún momento de la prehistoria todo esto hubiera estado bajo el agua. Pero ya no hay agua. Quedó un gran mar de sal-solo de sal- y una isla que ha sobrevivido a las eras con su vestido antiguo y primitivo. Quisiera saber como ha ocurrido; quisiera que estos sobrevivientes me contaran todo lo que han visto pasar. Lanzo mil preguntas al aire y de repente oigo una voz extraña que proviene de ellos. El viento sopla y, al rozar las espinas de los cactus, produce un silbido grueso y suave. Es la voz, es la respuesta esperada. Pero no logro entender su mensaje. Es un lenguaje incomprensible para nosotros los mortales pues para escuchar una sola palabra se requiere toda una vida humana. Nuestro tiempo se termina.

El aliento del volcán 
No ha salido el sol, pero nosotros sí. Estamos en el cráter de un volcán. Muchas siluetas humanas caminan entre el humo en busca de las llagas abiertas de la tierra. Cada fosa exhala bocanadas de vapor azufrado. El fango hierve. Burbujea. El inframundo llama.A lo lejos se ven las montañas. Sus cumbres empiezan a iluminarse con los primeros rayos del sol. Se acerca la luz. Y con la luz del sol desaparece el humo. Una silueta aún contempla; rodeada de los destellos del nuevo día 

El clan de rocas 
A cientos de kilómetros de allí, sobre un manto de arena naranja se ve un clan de rocas que, cansadas de vagar, han quedado inertes en posiciones absurdas. Cada una parece haber sido otra cosa. Agonizan sin moverse. El azufre también hizo estragos en su piel. 
Aldea fantasma 
En una aldea abandonada a orillas del salar aparece un niño montando bicicleta. Al dar la vuelta a la esquina se convierte en anciano. Luego de un tiempo aparecen dos perros en una cancha de fútbol. Al parecer son los últimos jugadores.Tenemos miedo de quedarnos pues no sabemos en qué terminemos convertidos.Huimos.Esa noche, todos soñamos con volver a casa.Recuerdos. Fantasmas. Intermedio:Ya no sabemos distinguir la realidad de la fantasía. Pero en este dilema casi siempre elegimos la fantasía pues así no sea verdad, es la única explicación posible a la existencia de todo esto.  

La parábola de la sangre de la laguna
En aquellos días, los viajeros llegaron a la Laguna Colorada y al ver que de verdad era del color de la sangre se preguntaron si aquello era un milagro. Sobre las aguas caminaban flamencos rosados y al fondo se veía un nevado. Los hombres se alejaron de las mujeres para alcanzar a ver aquello antes de la caída del sol. Entonces ocurrió que el demonio tentó a uno de ellos y le dijo: si de verdad eres el que dices ser, camina sobre las aguas. Él sintió miedo al ver las grietas de la tierra que se abrían a la orilla de la laguna. Pero al llegar las mujeres sintió de nuevo la tentación. Y él, queriendo ser el discípulo amado (por la mujer argentina), empezó a caminar hacia el agua. Luego de dar siete pasos su pie se hundió en el barro. Del barro hemos venido y al barro volveremos. Y vio él que había hecho una estupidez. Entonces se preguntó qué debía hacer para agradar a la mujer. Entonces se oyó una voz que le decía: has querido meter tus pies en la llaga, hombre de poca fe. Mejor inventa una historia y así conseguirás estar en el corazón de la mujer argentina. Es más fácil que entre un hombre interesante en el corazón de una mujer que un rico al Reino de los cielos (aunque la billetera del rico conquista muy fácil a la mujer).Entonces los dos hombres empezaron a inventar historias sobre la génesis de la laguna colorada. El primero dijo: de aquí proviene la “sangre de drago” que sirve para curar las heridas. Y luego el otro agregó: esta es la sangre del hombre que se quitó la vida al saber que su amada había llorado toda la sal de Uyuni esperando su regreso. El sol caía y se acercaba la oscuridad entonces ellos decidieron contar historias de miedo. Y fue así como los hombres empezaron a hablar en lenguas extrañas para llamar la atención de las mujeres. Estas y otras estupideces ocurrieron aquella noche; que si se escribieran todas no alcanzarían los libros del mundo.

Final final

•Febrero 10, 2007 • Comments Off

Por: María Paulina

Después de 46 días de viaje llegamos a Buenos Aires, nuestro objetivo final. Ya las grandes aventuras se acabaron, las caminatas extremas se quedaron en el recuerdo. Llegó la ciudad con sus características y su aparente pasividad. Voy a hacer un balance de lo que fue el viaje, tipo anuario y bastante adolescente, como ya conocieron nuestras reflexiones ahora les voy a contar sobre lo que fue nuestra mas elemental cotidianidad.

Cifras:

Fueron 46 días de viaje

176 horas en buses: unos buenos, otros olorosos y otros que podemos definir como un infierno

9 horas en lancha en copacabana

3 horas a caballo que pareceieron cien

12 horas en tren

3 días por el desierto en una 4X4 donde perdimos los riñones

Dormimos 4 noches en carpa: nunca del todo bien, o hacìa mucho frìo y mucho calor, o eramos muchos o fuimos muy pocos. El piso duro y la almohada que no funciona.

Hostales con baño privado: 6

Dormir en agencia de viaje: 1 en nasca

PARA UN TOTAL: Muchas malas noches, espantosas madrugadas. Dolor de espalda. Y un agradecimiento infinito por la existencia de nuestras camas que están tan lejos.

Noches de rumba:

El 31 de diciembre en Quito con música andina y mucho canelazo.

En Baños, Ecuador con Karaoke

En Piura en un bar que fue solo para nosotros

En miraflores, Perú con exceso de Pisco y un poco de adolesencia

En Potosì, el top 10 de la adolesencia tomando encerrados en un cuarto y jugando cartas

Un buen buen asado en córdoba

 PARA UN TOTAL: somos los más ñoños del mundo.

Amores:

Platónico cercano

Platónico ideal

Indigente con “Una mujer con sombrero”

Inca

Puro y verdadero

De verdad y para siempre

Beso francés

Unidos por Galeano

Nazi

PARA UN TOTAL: seguimos siendo ñoños

Los mejores recuerdos:

Ormeño, una empresa de bus que Jorge visitó día y noche, noche y día.

La siesta en el parque de Cuenca, tipo indigente

Reina del camino, el ùnico bus bueno en Ecuador

El hostal de baños, tenía cama limpia

Los juegos de cartas, auque lograron sacar lo peor de francisco

Ir a cine en Piura buscando aire acondicionado

Concierto de música barroca en Cusco

Conocer al mejor amigo de Mercedes Sosa en Tilcara

Cantar en un karaoke “hacer el amor con otro” y tener la mejor puntuación

En el momento que nos entregaban la ropa en la lavandería

Crema de tomate hecha en ornilla en la Isla del sol

La sopa de Quinua de Josefina en el Quilotoa

Ver volar el condor tan cerca en el Colca

Llegar a Machu Pichu

Caminar de noche sin ver nada para llegar a Machu Pichu

El amanecer en el salar cuando el sol saltó

Cantar bajo el cielo estrellado en La isla del sol

Cantar las canciones de sui generis viendo cómo cambiaban las formas de las piedras en el desierto

Oir a Franco y a Jorge trabar y le risa de Guy sin entender nada de lo que decían

Pensar que logramos un sueño

Los peores recuerdos:

El ataque de pescado en nuestras maletas

La frontera entre Ecuador y Perú a las 3:30 de la mañana

La despedida con Guy

El frío a las 4:30 am en Uyuni (nadie hablaba para no gastar energía)

El bebé abandonado en un bus y el afán de jorge para que no se despertara y nos tocara cargarlo

Oruro a la una y media de la mañana en un hostal de cortina de terciopelo roja, caida y con una que otra pulga

La pérdida de la carpa en el camino de Santa María (jorge la recuperó)

Los olores en los buses bolivianos

Baños, letrinas y el monte

Ver el intento de atraco a unos turistas en Quito

La llegada a Machachi el 1 de enero donde solo había borrachos

El viaje cali – pasto sin haber dormido nada

Caminar a un millòn de grados centígrados por las Calles de Santa Marianita un poco perdidos

Comer papas hechas por Guy en la fogata en manta. Quedaron crudas y con arena.

La pasta que comimos en Cuenca

Un tinto en Tumbes donde sacaron un líquido negro, espeso y feo y después le agragaron agua.

Ver a Franco vomitar en la avioneta de Nasca

El frío en el Quilotoa y las pesadillas. Sentía que unos animales nos atacaban.

El calor de Piura

El paseo al río en Piura, el río se secó y ahora solo tiene basura

Sobrevivir a la expliçosión en la mina de Potosí

Pensar que el viaje se acabó

Momentos adolecentes:

Hacer trampa jugando cartas

Encierro en un baño

Meterse a una piscina desocupada

Caerle a la niña mencha

Hacer este recuento

Lo que se perdió

(2) gafas de sol

La bufanda de franco

El gorro de jorge

Ocho desodorantes de jorge

Iruya

El saco negro de sol

Mi pañoleta

Los miedos

Los personajes:

Guy: es un príncipe azul, fue el hombre mas caballero de nuestro viaje.

Natasha: mhmhmhmhmhmhhm querida pero tal vez muy hippie para nosotros

Luz y Laura: el horror de las fotos

José: una belleza de guía hacia machu pichu.

El taxista mentiroso de Huaquillas

El aprendiz de chofer

Los dueños del bar de piura

12 adolescentes chilenos en el hostal verde de Miraflores.

Guía del Colca, me salvó la vida con coca

La señora del hostal en Copacabana: la conversación fue la siguiente:

María Paulina: señora a qué hora nos toca sacar las mochilas del cuarto?

Señora: si copacabana sale, lancha, dkjdkfldjf (Quechua) tres, atardecer

María Paulina: ahahaha, bien. Pero cuánto tiempo podemos quedarnos en el cuarto para que no nos cobren otro día.

Señora: si claro, la lancha para copacabana, cinco de la tarde…

MAría Paulina: mhmhmhmh es que lo que quiero saber es cuánto tiempo tenemos….

en fin. Gracias.

Don Mario, el recepcionista del Hostal en La PAz. Poco inteligente, bien poco.

El prospecto de médico en la clínica Alemana de La PAz que atendía a sus pacientes en público y además se inventaba todo. Muy confiable

El mejor guía: el minero de Potosí

La dueña furiosa del hostal Carlos V en Potosí que nos hizo acostar a las diez de la noche como en convivencia de colegio

El sacerdote de Cusco

Los ferromosos y las terramosas

Las más especiales: daniela, melisa y carolina

Los argentinos de asiscar con actitud de papás

Mi chileno

Rocotaco, un indigente alchoòlico en Tilcara que se sentó en la maleta de sol y no se quitaba

Sabina: mi romance hippie

El duende, otro hippie bobìsisimo

Ángel

EL DESCACHE GANADOR DEL VIAJE:

Sol con actitud imponente, inteligente, segura, quien domina todas las monedas extranjeras se acerca en miraflores a un señor que cambiaba dólares y le dice: a cuánto está cambiando de dólares a sol? el señor el dice: a 3.16. Sol como toda una negociante paisa le dice o mejor le da la orden: mejor déjenoslos a 3.00. El señor no sabe si es un chiste, pero sol no se reie. Está seria porque es un momento delicado, hay que tener los cinco sentidos. Entonces el señor le dice: me pide que la tumbe, ud. quiere que le de menos soles, está loca?

El tío

•Febrero 5, 2007 • Deja un comentario

Por: María Paulina

El tío tiene los ojos verdes, es blanco con facciones finas. Es el diablo y representa a los españoles que nos colonizaron. La mejor forma de conocerlo es en  las minas de Potosí, pero es indispensable llevarle coca y tabaco para verlo fumar con la mirada impávida del poder.

A las 10:00am nos llevaron a una casa llena de recovecos. A cada uno le entregaron un uniforme completo con botas, casco con linterna, pantalon y chaqueta. En el momento me pareció un poco exagerado el atuendo, pero después agradecí que no fuera menos. Antes de llegar a la mina, Fredy, nuestro guía, nos hizo bajar de la camioneta. Teníamos que comprarle regalos a los mineros, hace parte de la tradición. Les compramos un aguerdiente que tiene 96% de alcohol, coca, tabacos sin filtro, guantes y gaseosa. Cuando lograbamos encontrarlos dentro de la mina les entregamos los presentes que se seleccionaban dependiendo del status del minero. A cambio cada minero posaba para nosotros con una gran sonrisa y pocos dientes.

Nuestro guìa fue minero al igual que toda su familia. Es el mejor guìa que uno puede tener porque conoce todos los recovecos de la mina y tambièn las necesidades de aventura de los turistas. Después de dar diez pasos dentro de la mina empezamos a trepar, rodar, escalar, resbalar, etc. Fue una excelente terapia para la claustrofobia. Después de recorrrer varios lugares nos enfrentamos a un hueco enorme. La única forma de pasarlo era agarrandose de una cuerda y no mirar el negro vacío que teníamos abajo.

En uno de los escondites de la mina apareció el tío con todo su esplendor. Lleno de coca y tabaco y con sus prondos ojos verdes. Freddy se sentó al lado de él y lo trató como a una persona. A veces lo miraba con nostalgia por el pasado oscuro que vivieron su antepasados con la colonización. Francisco para tener un buen detalle con el tío hizo una figura en minuatura de su versión bastante personal del tío con la greda que había dentro de la mina.

Terminando el recorrido el guía empezó a hablar en Quechua. Cuando terminó me miró y gritó: “va a estallar una carga de dinamita, corran”. Salí corriendo como loca histérica, no me parecía un buen plan morir en Potosí. Esperamos que la dinamita estallara y fue una sensación increible. Toda la mina tiembla y cada parte del cuerpo la sigue.

La aventura en la mina acabó para dar paso a la reflexión sobre los mineros. No comen en todo el día, sólo mascan coca. Los viernes toman aguardiente y una que otra vez se caen por los huecos. La mayoría tiene enfermedades pulmonares. Ya no hay plata porque otros se la llevaron. Para los turistas es el mejor plan la aventura en la mina, para los mineros la única opción para sobrevivir.

El salar de Uyuni, fragmentos de historias

•Febrero 4, 2007 • 1 comentario

Por: Francisco

 

Surreal. Este lugar es un experimento inconcluso de la creación; un capricho de Dios.

Aquí hay algo que no encaja en el orden conocido. Pero es algo que fascina.

En el salar de Uyuni cada paisaje pareciera esconder su propia historia es por eso que a continuación divagaré sobre lo que dejó en mi memoria y en mi imaginación este paso fugaz por aquella región del mundo.

 

  1. El reino de las lágrimas

Vamos rumbo al salar montados en una camioneta 4×4. A lo lejos se ven las montañas. Pero hay algo extraño; la cordillera parece una línea punteada, como si alguien hubiera borrado fragmentos del paisaje. Debatimos sobre la explicación a este fenómeno. Juan, nuestro guía cholo, al fin habla. El salar está inundado y se ha convertido en un espejo del cielo. La línea del horizonte ha desaparecido y no puede distinguirse si lo que se ve es reflejo o realidad. Cielo y suelo se unen devorando caprichosamente pedazos de montaña. Son islas que vuelan.

Aquí empezamos a entender que estábamos a punto de entrar en un mundo donde todo lo aparentemente inerte cobra vida.

 

Ante nosotros aparece el gran desierto blanco. Empezamos a atravesarlo con sumo cuidado. Luego de unos minutos llegamos a un punto donde unos montones de sal esperan nuestra visita. “Pueden bajarse a tomar fotos”. Mis pies descalzos son acariciados por cristales blancos cubiertos de agua. Agua y sal. Blancura por todos lados. Deslumbra.

Algo tuvo que haber pasado para que tanta sal llegara aquí. Inventamos historias. Fueron las lágrimas de un hombre que se quedó esperando a su amada. No, no, no. Es más bonito que las lágrimas sean de una mujer. Sí, una mujer que se deshizo de tanto llorar.

 

Dos días después volveremos  a aquel lugar. Ya no con la expectativa de conocer un lugar mágico sino con la nostalgia de dejarlo. Hemos venido a ver cómo muere el sol. La luna ya está en el firmamento y, como nosotros, tiene los ojos atentos al espectáculo. Los demás turistas se han ido del hotel de sal y sólo queda el sonido de una pala arrastrando sal para juntar el último montón del día. Cada montón parece una montañita de nieve.

Sombras largas. Suspenso. Y ahí viene. El disco solar empieza a bajar a una velocidad estimulante para nuestros ojos. Se posa en el vientre abierto de dos montañas muy muy lejanas. Los charcos de agua en el salar toman el color del cielo: azul, naranja, rosa, morado. Al otro lado la luna toma un brillo excepcional, como si se alegrara con la caída del sol que anuncia el comienzo de su reinado oscuro. El sol se marcha y en su último resplandor exhala una línea naranja que dibuja el horizonte.

Es hora de partir. No mires atrás pues será imposible resistir la tentación de quedarse para siempre. No mires atrás, te convertirás en estatua de sal.

No mires atrás… no llores más.

 

Esperen próximamente: 2. Los sobrevivientes, 3.La sangre y la colorada, 4.Aldea fantasma, 5.El aliento del volcán

Bolivia- ¿entropía en la comunicación o error en la matriz?

•Febrero 3, 2007 • Deja un comentario

Por: Jorge

Almuerzo en la Isla del Sol, Copacabana , Lago Titicaca
- Me da una trucha al limòn, por favor
Pido, incauto, a una niña boliviana que atiende en un resturante de la playa norte de la isla. Ella me mira con sus ojos negros intensos, sonríe y balbucea una palabras que no entiendo, vuelve a sonreir y va a la cocina.

Sirven platos en las otras mesas, abordo de nuevo a la niña y le pregunto si mi plato se va a demorar, pues mi barco sale en 20 minutos. Ella, otra vez, me mira con sus ojos negros intensos, sonríe y balbucea una palabras que no entiendo, vuelve a sonreir y va a la cocina.

Pasan otros 5 minutos, ya van 20 de espera, mi barco va a salir. Le pregunto a la niña que pasa con mi plato, ella me mira, sonríe y sale corriendo a la cocina. Me dirijo a la cocina y ahi està la mamá, una indigena bajita, tambien de pelo negro y largo, liso. Está vestida tipicamente pero cubierta con un delantal plástico, deja sus quehaceres y se acerca a mi con la misma sonrisa de su hija, los ojos brillantes y una sonrisa pícara que no se si dice “yo no fui”, o “perdóneme, no entendemos su español”. Yo trato de explicarle lo que pasa y lo que quiero, ella gira sus ojos hacia arriba, tratando de descifrarme y finalmente con otra sonrisa, me explica, “no hay trucha, solo pollo a la milanesa”.

Paciencia George, paciencia, aún falta todo el resto de Bolivia.

Bolivia – Gente

•Febrero 3, 2007 • Deja un comentario

Por: Jorge

Vestidos con mantas de alpaca teñida en colores rojos, cafe, verdes, azules y morados. Su olor llena cualquier espacio: maiz, cocina, baño impregnados en sus largos y espesos ropajes. No hay casi agua, casi no lavan.

Su piel morena, pelo negro, razgos indigenas, “indios” para muchos que, como yo, sin saberlo nos dimos cuenta del inmintente racismo que tenemos en la cabeza.

Sus lenguas incomprensibles, derivaciones y adaptaciones, originales y ancestrales se convierten en mil formas de que el turista no entienda lo que dicen o en mil formas de evitar la pena de hablar un español mal hablado, que no va entender nadie y en nada se parece al casto español bogotano y mucho menos al argentino, chileno o de los que hablan español como segunda o tercera lengua.

Fuertes, silenciosos, penosos, esos son los bolivianos.

Bolivia – Intro

•Febrero 3, 2007 • Deja un comentario

Por: Jorge 

Bolivia se conoce por sus  gentes, dicen la guias escritas, ya que los usuales puntos para juzgar sobre el turismo, en este territorio añorante del mar pierden validez.

Acá no hay infraestructura turística, no hay carreteras buenas, buses cama ni hostales de hosteling international. La historia se está cayendo, casi no hay restauraciones. Pero lo que vive y lo que llama a miles de turistas son sus raices, sus bases, las montañas, la inigualable topografia cambiante, los fenómeos geológicos y lo poco contaminadas de las tradiciones indigenas , incluso en la única gran ciudad, La Paz.

Debido a mis relatos largos y tediosos, inebitables con tanta inspiracion, pero duros de leer, decidí escribir una serie de relatos cortos de temas especificos sobre Bolivia… a ver si alguien me comenta alguno…

NOTA: No estamos mal, estamos bien, la estamos pasando super y todo ha sido increible, los relatos simpletmente son un matiz porque a veces es más rico escribir las cosas fuertes que las cosas pony y rosa del asunto.

Festival de colores

•Enero 27, 2007 • 2 comentarios

Por: María Paulina

A las cuatro y media de la mañana abrí los ojos en el bus. Íbamos para Copacabana y lo primero que vi fue un inmenso lago con el mejor amanecer, los tonos rojos y amarillos se intercalaban para hacer un festival de colores. A las tres de la tarde nos montamos en una lancha rumbo a La isla del sol en el lago Titicaca. El recorrido dura dos horas en las que el color de la laguna va cambiando y se mezcla con el verde de las montañas. De un momento para otro aparecen en el horizonte los nevados entonces la combinación ahora es perfecta. La naturaleza en su esplendor nos saluda. En la lancha el grupo de argentinos canta con una guitarra mal tocada pero con emoción, las argentinas hacen diferentes poses frente a la cámara. El noruego extiende al viento la bandera de su paìs con delirio conquistador. Nosotros miramos el espectáculo y de vez en cuando nos unimos a algún grupo. Llegamos a la parde norte de la isla porque nos dijeron que era mas linda. No se equivocaron. Ahora vemos el atardecer. El Titicaca es tan grande e imponente que tiene delirio de mar. Nosotros aceptamos esa pretención y le creemos. Nos quedamos en el hostal Pacha Mama, cuando se abre la puerta del cuarto se ve el lago y las montañas. Nos sentamos los cuatro en la playa. Francisco cocina sopa de tomate que milagrosamente sabe bien. De un momento para otro las estrellas no dejan espacio en el cielo. Es una noche oscura porque la luna se va rápido. Hace mucho frío, pero no queremos irnos de la playa. Decidimos que ante tal espectaculo es importante hacer lo que todo el mundo hace: cantar con el ojo entrecerrado canciones de protesta para sentirnos más unidos a sur américa. Pero hay un problema, estamos rodeados de argentinos y no queremos cantar sus canciones entonces hacemos un esfuerzo enorme por cantar sólo música colombiana. Ahora son las diez de la noche, cada vez hace más frío pero hasta que no cantemos una colombiana típica completa no nos vamos a ir. Algunas canciones son interrumpidas por un trueno entonces cambianos de canciòn. Sin darnos cuenta las estrellas se fueron, o fuimos nosotros los que nos fuimos? La neblina aumenta ràpidamente, a las once de la noche ya está entre nosotros. Nos vamos a dormir. Al otro día contemplamos el lago. Alquilamos una barca y remamos hasta una pequeña isla desierta donde solo estamos nostros y los eucalíptos. Por la noche llueve bastante y la playa está solitaria. Hablamos con los argentinos del cuarto de al lado y en ese momento somos turistas jóvenes con todas sus características. Nos damos consejos mutuamente, es agradable hablar bien de Colobia. En ese momento no importa cuál es la profesión que tenemos, sólo importa qué cantidad y calidad de consejos sobre el recorrido puedes dar. El rey es que el sabe culál es la mejor ruta, el precio en el que pueden dejar un tour y cuál es el mejor sitio para acampar. El príncipe es el que prende una fogata en el menor tiempo y la princesa guerrera es la niña que no se queja del problema de los baños. Así nos acompañamos durante la lluvia, intercambiando sabiduría sobre Ecuador, Bolivia y Perú. Nos vamos a dormir y al otro día nos vamos de copacabana. Nos despide un atardecer increible. A un lado de la carretera el día está gris, al otro lado vuelve el rojo y el anaranjado. Cada lado del lago compite por la mejor combianción.

Ahora en Potosí

•Enero 26, 2007 • Deja un comentario

Esperen próximamente la ampliación del relato de cómo, después de un tortuoso camino hemos llegado a Potosí en Bolivia.

Ahhhh! y no se olviden que después de la tormenta llega La Paz, próximamente el relato de nuestro paso por la capital de Bolivia, incluyendo sus santos y sus brujas.

La satisfacción del deber cumplido

•Enero 22, 2007 • 2 comentarios

Por Sol

Los grandes metas siempre tienen un precio muy alto… digamos que ir a Machupicchu no es precisamente barato, pero en este caso me refiero a otra clase de precio: el físico y el espiritual; aunque después de pagarlo queda la infinita satisfacción del deber cumplido.En un principio todos queríamos llegar como los grandes: por el Camino Inca. Nada nos detenía, aunque había un espacio de duda cuando nos decían cosas como: son 4 días; 3 son de subida, el camino es de piedra….. duda, pero igual llegamos a Cusco con la única opción de hacer el Camino. Pero no contábamos con el hecho de la ciudad fuera un Buenos Aires en pleno, lleno de gauchos y gauchas de perfecta figura, con master en hippie y que además sabían sobre el cierre del Machupicchu por todo el mes de febrero. Todo estaba reservado y no había cupo para nosotros.Después de hacerle duelo al Camino Inca, nos embarcamos en otra caminata que yo he llamado: ”del ignorante” (ya se darán cuenta por qué). Como siempre, nos vendieron el paraíso: un guía bilingüe (para que Guy entendiera) que nos cargaría las carpas, comidas, buses, hostales y lo que más nos emocionó: caminos PLANOS para ir a pié más fácil. Bueno, el bus de ida hasta el pueblo que sería la primera estación no sólo llevaba humanos, también era un cómodo medio de trasporte para gallinas, pollos, perros y marranos. Así mismo, los frenos que se dañaron dos veces en el camino, fueron arreglados diestramente por el conductor con papel higiénico… Por mi parte decidí dormir, ya que no había mucho por hacer aparte de esperar a que el hombre a cargo de nuestras vidas supiera exactamente lo que hacía.Llegamos y el guía nos sorprendió diciéndonos que él no llevaría las carpas porque “pesaban mucho”… Nosotros sin maletas apropiadas para cargar carpas y desilusionados por la mentira dicha por la agencia, decidimos cargarla en la mano por turnos, ya que una pelea con José (el guía) podría significar algún veneno en la comida que supuestamente él nos prepararía.Empezó la caminata. 30 minutos de plano al lado del salvaje río Urubamba. Pero después del minuto 31 comenzó la escalada nunca nombrada por la agencia. Tuvimos algunos caídos gauchos en el camino que no permitieron que avanzáramos rápido para llegar a las prometidas aguas termales, así que cuando cayó la noche y después de caminar 1 hora al borde de un abismo de aproximadamente unos 1000 mt de altura por un supuesto ”camino inca original” llegamos a una pequeña casa en medio de la selva que nos acogió, nos brindó comida y un pequeño techo para poner nuestras carpas y descansar hasta la primera hora del día siguiente.Al día siguiente llegamos a las aguas termales… pero entre nuestro hogar de paso y las piscinas, había unos puentes artesanales por los que tuvimos que hacer equilibrio con carpas al hombro. Después de los termales seguimos el camino hasta la tarabita, también muy artesanal, en la que personalmente tuve una experiencia extrema al enredarme con la cuerda y sentir mi destino iba a estar en el fondo del río, con todo y sus inmensas rocas.El sol implacable tampoco dejó que avanzáramos mucho ese día, así que tomamos un “camión”… este trasporte local nos ayudó con 3 horas de viaje llevándonos hasta un sitio llamado: La hidroeléctrica. Allí empezó una caminata de 3 horas y media sobre la carrilera. Lo más significante de este camino fue que si veías al lado derecho podías ver Machupicchu que te miraba desafiante para que llegaras.A Aguas Calientes, meta del segundo día, llegamos a las 7 de la noche y según José: no teníamos cena y en los hostales decididos no había cupo. De alguna manera nos acomodamos, pues en ese momento aunque las piernas no daban, era un hecho: al día siguiente conoceríamos la ciudad sagrada de los Incas.La jornada al día siguiente empezó a las 3:30 de la madrugada. Las niñas se bañaron con agua fría, mientras que los niños decidieron que ya se habían bañado en los termales y no la limpieza a esa hora no era necesaria… una decisión muy respetable.  La caminata maratónica de 20 minutos hasta la escalera mientras empezaba a salir el sol llenaba de adrenalina el cuerpo y la mente. Así que empezamos a subir lo más rápido posible, el problema es que no todos somos iguales y a los 10 minutos de empezar a subir el millón de escalones, Jorge, Mapis y yo teníamos el corazón en la mano. Cambié la estrategia y empecé un paso lento pero seguro que nos tomó 1 hora en llegar a la cima.Nuestro guía (Horacio), quien hablaba un perfecto spanglish, acabó mi paciencia antes de entrar, así que cerré los oídos a Horacio, los turistas inquietos y los innumerables guías del parque. Cuando había llegado a un aislamiento total volteé para ver que la niebla iba pasando poco a poco diciéndome: Aquí está, este es el valle sagrado y hoy he decidido mostrarme ante ti.Todo había valido la pena. No importaba cuantas mentiras pudieran decir las agencias peruanas, ni los infinitos peligros que corres sin que te adviertan sobre ellos, ni el dolor en las articulaciones y el temblor de las piernas… este sitio místico merecía eso y mucho más. Sentí que le quedé debiendo para ser realmente digna de sentarme y apreciar esta ciudad escondidas por las montañas…